24 de diciembre de 2013

Junto al pesebre aprendemos a vivir en Pax


En el pesebre nace la Pax
 Por Pbto. JESÚS ANÍBAL PÉREZ SÁNCHEZ
La alegría del Evangelio de la Navidad fue creciendo entre nosotros con los encuentros de las madrugadas, para celebrar la Santa Misa; y  en las tardes, para ofrecer nuestros villancicos y plegarias, alcanzando la Gran bendición del cielo, por los méritos de la Santa Infancia de nuestro Señor JesuKristo, en el corazón inmaculado de la Madre, María Santísima, y con la intercesión amorosa del varón justo San José.
En el pesebre nace la Pax, la verdadera Pax. En el pesebre nace JesuKristo, que es nuestra Pax. Efesios 2,14. JesuKristo es la única, posible y verdadera Pax. JesuKristo es el mismo niño Dios, nacido en el pesebre de Belén, que por nuestra salvación, acepto el sacrificio de ser crucificado como Mesías Redentor de toda la humanidad, y por tanto de cada uno de nosotros.
El niño Dios del pesebre al crecer se hizo joven, y fue crucificado por nuestros pecados, por la soberbia del ser humano; pero Resucitó, está vivo en el cielo, en nuestra mente y en nuestro corazón. Por esto, podemos decir: La Pax, la verdadera Pax, nació en el pesebre de Belén; la Pax vivió y se hizo joven, en este planeta tierra; la Pax fue maltratada, incomprendida, crucificada, muerta y sepultada; pero la Pax, no murió para siempre, la Pax resucitó. La Pax resucita. La Pax vive en el cielo, en nuestra mente, y en nuestro corazón; la Pax resucita, permanentemente, en los corazones de buena voluntad.
Nosotros, los del pesebre creemos en la Pax, amamos la Pax, debemos vivir en Pax; porque el Dios del pesebre es el Dios de la Pax, él Dios del pesebre es la Pax; la Pax, amor y justicia es el único y verdadero Dios, en Dios con nosotros.
Estos días junto al pesebre, deben ser un nuevo comienzo; el principio de muchos días de Pax en nuestro corazón, en el corazón de la sociedad que es la familia, y en todos los pueblos de la tierra.
Junto al pesebre aprendemos a vivir en Pax, aprendemos a ser Pobres en el Espíritu, a no venderle el alma al diablo, por conseguir dinero, arruinando la vida.
Junto al pesebre aprendemos a vivir en Pax, aprendemos a ser humildes y sencillos de corazón; alejando de nosotros todo espíritu de pelea, de envidia y egoísmo.
Junto al pesebre aprendemos a vivir en Pax, aprendemos a saber vivir nuestros sufrimientos, y contrariedades, con valentía, con la fuerza y la bendición del Espíritu Santo que engendró a Jesús, el niño Dios, nacido de María Santísima.
Junto al pesebre aprendemos a vivir en Pax, aprendemos a sentir como propios los sufrimientos de las personas humildes, y sencillas, como José y María, junto con los niños que nacen en el suelo, y son acostados en humildes cunas.

Junto al pesebre aprendemos a vivir en Pax, aprendemos a sentir hambre y sed de ser justos; de servir a los demás con sincero corazón; y con la única intención de hacer el mayor bien posible, sin detenernos en apellidos, clase social u cualquiera otra de esas distinciones que se hacen en este mundo injusto. Dios no hace distinciones, nos acepta a todos…
Junto al pesebre aprendemos a vivir en Pax, aprendemos a perdonar siempre, hasta setenta veces siete, para que Dios también a nosotros nos perdone nuestras faltas. Perdonando alcanzamos el perdón de nuestros pecados. Perdonando mostramos que Dios vive en nuestra mente, en nuestro corazón; porque Dios no lleva cuentas del mal. Las cuentas del mal siempre dan pérdidas; por eso es perdido llevar cuentas del mal. Perdonando vivimos en JesuKristo que es nuestra Pax.
Junto al pesebre aprendemos a vivir en Pax, aprendemos a no ensuciar nuestro corazón, porque sólo los de limpio corazón sienten la cercanía de Dios; y esa cercanía de Dios es la verdadera Navidad.
Junto al pesebre aprendemos a vivir en Pax, aprendemos a trabajar por la Pax, aprendemos a hacer pequeñas y grandes obras de Pax, para que todos podamos vivir en Pax.
Por la Pax que nace en el pesebre de cada corazón, por la Pax crucificada, por la Pax que se deja morir y ser sepultada, para resucitar siempre nueva, y llenarnos de Espíritu Santo, debemos estar dispuestos a dar nuestra vida; porque vale la pena  vivir, pero en Pax. JesuKristo, sólo JesuKristo es nuestra Pax.
Solamente quienes viven el Espíritu de las ocho bienaventuranzas y practican las obras de justicia y misericordia, tendrán ¡Feliz Navidad!... Lo demás, es otra cosa… 

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